Vivimos una civilización que todos contribuimos a conformar y en la que, de alguna manera, todos somos responsables de lo bueno y de lo malo, y donde nuestra tarea común es solucionar los problemas que ella nos plantea.

Una de las características destacadas de nuestra civilización la constituye la gran cantidad de contradicciones, que desembocan en una profunda desorientación.

Pero la característica primordial de nuestra civilización es la de ser esencialmente atea, independientemente del hecho de que millones de personas profesen una religión de manera más o menos activa.

Esto significa que los valores sobre los que se asienta nuestra civilización no tienen relación con la eternidad, el infinito, lo absoluto, lo trascendente.

En este mundo con una cantidad de conocimientos y de información al alcance nunca antes visto, que permite vislumbrar la futura evolución, el hombre menoscaba  la dimensión humana, comportándose como si todo fuera a concluir al final de su propio paso por la tierra.

Así saquea los recursos naturales no renovables; afecta las condiciones climáticas; contamina; se aleja de su misma identidad; liquida comunidades humanas, incluida la familia; tolera el culto al lucro material como valor supremo; genera nuevos tipos de criminalidad, crimen organizado, terrorismo; acentúa la corrupción; el derroche se vuelve costumbre por no decir obligación social en todos sus niveles; se desestima el esfuerzo y la capacitación; se promueve el facilismo mediante dádivas (clientelismo político); se miente sin remordimiento; se devalúa el trabajo; se ignora el buen sentido; y se falsea el amor.

Difícilmente se encuentren soluciones si no se cambia de raíz el rumbo de la evolución. Para que esto ocurra se requeriría modificar las ideas que hoy guían tanto el comportamiento humano, como a las actividades empresariales, institucionales y gubernamentales.

Mucho más importante que reestructurar la economía es que empecemos a pensar en la reestructuración del propio sistema de valores en el que se apoya nuestra civilización actual, valores equivocados sostenidos por gran cantidad de personas.

Esta reestructuración de los valores que conducen nuestra conducta es tarea que nos incumbe a todos. Comencemos por buscar hacer.


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